Los tres lazos que vinculan a los seres humanos se refieren a los tres problemas de la vida: pero ninguno de estos problemas puede ser resuelto por separado; cada uno de ellos necesita una solución válida para los otros dos.
El primero se refiere al problema de la ocupación.
Nosotros vivimos en la superficie de este planeta, con los únicos recursos de este planeta, con la fertilidad del suelo, con sus riquezas mineras, su clima y su atmósfera.
Ha sido siempre deber de la humanidad encontrar la respuesta justa al problema que estas condiciones nos imponen; y todavía hoy no podemos pensar que hemos encontrado una respuesta exhaustiva.
En todas las épocas la humanidad ha llegado a un cierto nivel de solución, pero siempre ha sido necesario luchar para su mejora y para posteriores conquistas.
El mejor modo para resolver este problema por el que estamos dominados llega por la solución del segundo problema.
El segundo lazo que vincula al hombre es que estos pertenecen a la raza humana y viven en asociaciones con los otros seres semejantes a ellos.
Nosotros siempre debemos contar con los demás, adaptarnos a los otros e interesarnos en ellos.
Este problema se resuelve con la amistad, con el sentimiento social y con la cooperación: con la solución de este problema hemos hecho un incalculable paso adelante hacia la solución del primero.
Fue solo porque los hombres aprendieron a cooperar el que pudiéramos hacer el gran descubrimiento de la división del trabajo; un descubrimiento que representa la principal garantía del bienestar de la humanidad.
Mediante la división del trabajo podemos utilizar los resultados de muchos tipos de adestramientos y organizar muchas capacidades diferentes de manera que todas contribuyan al bienestar común y mitiguen la falta de seguridad y ofrezcan mayores oportunidades para todos los miembros de la sociedad.
El tercer lazo de los seres humanos es su pertenencia a uno de los dos sexos.
Del modo de establecer relaciones con el otro sexo y del cumplimento de la función sexual depende la parte que cada individuo tendrá en la continuación de la especie humana.
Esta relación entre los dos sexos supone también un problema; y esto también es un problema que no puede ser resuelto separadamente de los otros dos.
Para resolver de manera positiva el problema del amor y del matrimonio o convivencia es necesaria una ocupación que contribuya a la división del trabajo, como también un cordial y amistoso contacto con los otros seres humanos.
Como vemos, también en nuestros días la mejor solución a este problema, la solución más coherente con las exigencias de la sociedad y de la división del trabajo es la monogamia.
Estos tres problemas no se presentan nunca divididos, lanzan todos haces de luz el uno sobre el otro y la solución del uno facilita la solución de los otros.
Realmente podemos decir que ellos constituyen todos aspectos de la misma situación y del mismo problema: la necesidad para un ser humano de proteger la vida y de perpetuar la vida en el ambiente en el que se encuentra.
Llegados a este punto debemos reiterar que una mujer que contribuya a la vida de la humanidad con la ocupación de la maternidad asume en la división del trabajo humano un puesto tan elevado como cualquier otro.
Para concluir (pero solo por ahora) este problema ocupacional del hombre diremos que: es verdad que no podemos presumir de haber hecho todas las conquistas que se podían hacer, lo saben los politicastros de todo credo y color y tampoco podemos pretender (¡si nadie hace nada!) que la división del trabajo haya alcanzado su máximo estadio.
Pero todo intento se hace para resolver el problema de la ocupación, debe desarrollarse en el esquema de la división del trabajo entre los hombres y por el esfuerzo de cooperación para contribuir con nuestro trabajo a la mejora de los demás.